Dimensionar la compresión cuando tuneas una réplica es, en el fondo, llevarla al punto de trabajo en el que la réplica rinde mejor. Es más – de puntos así no hay uno solo, sino nada menos que dos, según lo que le pidas a la réplica. Ahora bien, saber que esos puntos existen es una cosa – encontrarlos es otra bien distinta.
La vieja fórmula y sus agujeros
El cilindro, respecto al cañón, siempre se ha dimensionado con esa clásica fórmula de la relación de volúmenes, que solo tiene en cuenta el volumen del cañón, el volumen del cilindro y el peso de la bola. Funciona, aunque un pelín por debajo de lo óptimo – pero el simulador mostró algo que la fórmula no ve: en el punto óptimo influyen bastante también la masa del pistón e incluso la potencia del muelle. Dos gearbox con un cañón idéntico y un cilindro idéntico, pero un pistón distinto, no comparten el mismo óptimo. La vieja fórmula no sabe nada de eso – y el simulador saca a la luz, encima, un posible punto de tuneo más.
Por qué el dimensionado preciso es un suplicio
Dimensionar con precisión no es ese «medimos poca potencia, mete un muelle más duro y tira» de fábrica que se suele hacer con las réplicas stock, sino acertar con la combinación en la que el pistón no golpea demasiado fuerte y la energía del muelle se aprovecha al máximo. En la práctica es así: monta → ensambla → mide → extráñate de por qué se desvía de la fórmula → abre → corrige → repite. Y otra vez. Y una más – hasta que funcione. No es divertido.
El simulador traslada ese ciclo al ordenador – el resultado se predice y se planifica, así que todo el asunto queda listo mucho antes.
Cómo funciona el Auto-Tune
La opción Auto-Tune funciona así: además de todos los demás parámetros fijos de la réplica que has medido (el pistón, y la nozzle con la cabeza de cilindro), introduces la longitud y el diámetro interno del cañón, la potencia del muelle y la masa de la bola con la que jugarás más a menudo – y el simulador encuentra por sí solo qué cilindro rinde mejor y cuánto hay que desplazar, si acaso, su port.

Y con esto volvemos a las zonas de las que escribí en el artículo sobre la zona Quiet. Por eso el Auto-Tune ofrece dos estrategias:
- Quiet tuning busca la posición del port con el golpe del pistón globalmente más silencioso – sumado sobre todos los impactos, incluido el de retorno retardado, después de que hacia el final del recorrido el gas empuje el pistón hacia atrás y el muelle lo devuelva a la cabeza de cilindro. El resultado es una réplica más silenciosa, con algo menos de energía que en la zona regular. Pero es más sensible: el punto de mínimo se sitúa pegado a un muro, tras el cual el golpe pega un salto de golpe y la energía cae. Por eso el Auto-Tune aparta su recomendación del muro en un «Port safety margin» (un ajuste, por defecto 1 mm, hacia el port más grande) y, al lado, imprime la sensibilidad [J/mm] – la pendiente de ese muro – para que sepas cuánto te puede costar un fallo si limas el port demasiado lejos.
- Standard tuning da resultados más cercanos a la manera de dimensionar de siempre: apunta a la energía máxima en un tramo bastante plano de la curva, de modo que la réplica es mucho menos sensible a las variaciones y la entrega más equilibrada. El golpe del pistón se oye un pelín más, pero la réplica funciona de forma constante – y precisamente por eso es la elección más recomendable, salvo que el silencio sea tu prioridad. Obtienes dos resultados propuestos: uno con alguno de los cilindros disponibles que has definido en tus presets, y otro con alguno de esos cilindros más una corrección del port. El segundo suele dar más energía, pero exige limar el port según la corrección calculada – mientras que el primero es la solución más sencilla, que normalmente da solo un poco menos de energía.
El Auto-Tune te lo pone todo sobre la mesa, así que tú decides por qué opción tirar.
Un cálculo normal cuesta 1 crédito, y el Auto-Tune, como entre bastidores tritura toda una serie de simulaciones mientras busca el óptimo, cuesta 10 créditos. Sigue siendo incomparablemente más barato que abrir la gearbox por décima vez en una tarde.